Erase una vez una familia humilde.
Al Papá le gustaba mucho ayudar a la gente que no había tenido tanta suerte como él. Por eso regalaba de vez en cuando una monedita en la calle. Sin embargo se sentía todavía triste porque por falta de tiempo no sabía como usaba la gente su monedita.
La mamá tenía un poco más de tiempo que su querido esposo, pero desafortunadamente no tenía dinero. Le tocaba pagar el mercado, la escuela de su chiquito y ¡muchas más cosas! Así que tenía tiempo para ayudar, ¡pero dinero no!
Pero un día, antes de acostar su chiquito, este les preguntó:
«Papi, mami…. ¿Por qué no podemos hacer nada para ayudar a los demás ? »
Su padre intentó explicarle que daba ya mucho dinero, pero que tenía poco tiempo para ayudar a usarlo correctamente. Su madre le explicó que si tenía tiempo pero no tenía con qué ayudar.
Pasó el tiempo, y creció este chiquito. Pero creció con la idea de que para ayudar a la gente, iba a necesitar tiempo y dinero.
¿Pero cómo conseguir ambos? ¿Cómo permitir, a los que les gustaría convertirse en actores de un mundo mejor, hacerlo sin gastar tiempo y dinero?
Mientras más pasaba el tiempo, más parecía equivocarse. Soñaba que podía lógralo, pero no de esa forma.
Un día tuvo un sueño muy distinto de los demás. Soñó con una ventanita.
Decidió que para ayudar a los demás, ¡no usará ni su tiempo, ni su dinero! Iba simplemente a abrir una ventanita.
Así que la gente podría llevar esta ventanita con ellos. La podrían llevar donde quisieran, cuando quisieran, para abrirla en cualquier momento.
Esta ventanita sería el vínculo entre la realidad de los hombres que quieren cambiar el mundo sin saber cómo hacerlo, y la realidad de los que lo quieren cambiar sin tener lo necesario para hacerlo.
Esta ventanita se iba a convertir en el camino más corto entre la realidad de dos mundos que no forman más que uno.
Esta ventanita será el porque nos levantamos cada mañana, ¡será la oportunidad de convertir a cada uno en un actor de un mundo mejor!


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